Etimológicamente (vaya palabrita) “recordar” significa “volver a pasar por el corazón”. Este fin de semana, no he hecho mas que recordar, es decir, han vuelto a pasar por mi corazón innumerables emociones, sentimientos, momentos, personas e ideas. Y es que todo encajaba: un austero sitio se llenaba de vida por las inquietudes de personas que han decidido emprender la aventura que emprendí hace ya varios meses, teniendo las mismas dudas y miedos que cuando hace un año me presenté a un taller de formación para viajar a Chiapas, un estado al sur de México donde hace más de una década unos locos muy cuerdos quitaron la balanza a la justicia para gestionarla ellxs mismxs, al igual que su economía, educación, sanidad, política, su vida y su muerte.
La lucha de lxs compas se interiorizaba más. Recordé la intensidad con la que se puede llegar a sentir una idea, un sueño, una lucha, en este caso la del zapatismo. Y de nuevo haces valoraciones y esas odiosas comparaciones de las que quieres aprender y te das cuenta de cómo la humildad es la base de su lucha. Humildad por la humanidad, porque somos personas, nada más, pero tampoco nada menos. Y comparo luchas de aquí y allá y me desborda la prepotencia occidental y ese pedestal al que desde pequeño nos enseñan a subir para verlo todo desde arriba, señalando y despreciando al otro, lo distinto, lo opuesto, lo que no podemos comprar, lo que no está a nuestro alcance, como puede ser el coraje de quienes se cubren el rostro para darse a conocer al mundo, de quienes arriesgan su vida por la vida, de quienes hacen de su día a día su filosofía política. Tal vez no gocen de la comodidad y lujos que poseemos, tal vez, pero es que no cayeron en el error de valorar a la Madre Tierra y sus habitantes por debajo de meros objetos inertes o del valor de una moneda y lo mas digno el hecho de que así lo sigan haciendo a pesar de la represión que sufren para seguir haciendo de su sueño una realidad.
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