A la vez, sumaba la escusa (porque es de lo que estoy hablando, meras escusas) de que el Distrito Federal no me llamaba a recorrerlo, a conocerlo o explorarlo, decidiendo hacer vida “doméstica”. Y esto me encerró. Encerré la ciudad para que me encerraran las letras, leyendo, estudiando y escribiendo en un pequeño cuarto que me acercaba a mundos desconocidos. Al fin y al cabo, iba así a poder darle una dedicación entera al estudio de lo que realmente me interesaba mientras esperaba que me avisasen de cuál sería la fecha de partida. También por la economía, que al sufrir un duro golpe tendría que reducir gastos severamente, abandonando el entrenamiento apenas iniciado. Mas escusas, únicamente. Y es que olvidé la más importante, aquella que me hizo viajar a tantos sitios respondiendo a un simple “¿y por qué no?”, la misma que me hizo regresar, atravesando el atlántico durante 12 horas. Hablo de la escusa de ver el día de hoy no como un día más, sino como un día menos. La de ver la vida una cuenta atrás que en cualquier momento nos puede sobrepasar con su rutina, dejándonos arrastrar por un fuerte torbellino de segundos que giran con fuerza y sin sentido en el sentido de las agujas del reloj. Entre el tic y el tac debemos marcar nuestro propio ritmo, bailar nuestra canción, no la del péndulo. Mejor asumir que esa fecha, fecha o cualquier cosa, simplemente vendrá y que hasta ese entonces se debe hacer algo, ya que de otra manera seremos dependientes de circunstancias ajenas, perdiendo el control de nuestro tiempo y espacio, es decir, perdiendo el control de nuestras vidas.
Todo esto es fácil de ver cuando convives con alguien que baila a la vida ante el sol y la luna y que cambia su descanso por poder seguir bailando entre sábanas y sueños, también cuando quienes escriben desde la lejanía de la distancia y la cercanía del querer no duda en mi hiperactividad, la que en parte me caracteriza. Como decía, en breve abandonaré el microclima chilango por un pequeño y caluroso pueblo, más tranquilo y humano, pero en cualquier caso, intentaré ocupar cada segundo con un sano estrés propio de las grandes ciudades. 















